Baby Daddy, champán… y sorpresa

Baby Daddy es una sitcom que emite ABC Family, que acaba de estrenar su tercera temporada en EE.UU. y que Factoría de Ficción estrenó el pasado mes de mayo en España. ¿De qué va? No hace falta explicar mucho si os habéis fijado en la foto y tenéis un graduado escolar, pero por si acaso…

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La serie trata sobre Ben, un veinteañero que descubre que es padre el día en que su ex novia le deja el bebé en la puerta y desaparece del mapa. Ben decide criar a la pequeña con la ayuda de su hermano Danny, sus dos mejores amigos Tucker y Riley, y su madre, Bonnie. Fácil, familiar, clásico… y funciona como un tiro. Y ahí que fuimos invitados a una grabación en calidad de VIPs gracias a Henry Menéndez, actor de musicales en Broadway y primo de Teresa.

El preshow

La serie se graba en los platós que tiene la CBS en Studio City y el sistema es el de sitcom clásica: multicámara, sets distribuidos horizontalmente, y gradas para el público. Esto también lo hacemos en España en algunas series y tiene algunas ventajas obvias: con el público presente es muy sencillo detectar lo que funciona -lo que provoca carcajadas, vamos- y lo que no. Y cuando ese algo no funciona, se reescribe en el acto y aquí paz y después gloria.

En cuanto al proceso de grabación en sí, la experiencia fue a grandes rasgos bastante similar a la del Tonight Show o la de Conan: llegada a los estudios, controles de seguridad, acomodación en las butacas, y preshow. Bueno, con una diferencia: cuando tienes pase VIP la espera se reduce a CERO, y nosotros lo teníamos. Ah, y sobre el calientamiento del público tenemos decir que si el de los dos anteriores nos gustó mucho, el de Baby Daddy fue LA BOMBA. El cómico encargado fue Ron Pearson, cuyo parecido con cierto guionista de Chamberí nos volvió locos.

ron pearson

¿¡SÍ O NO!?

Y la foto no le hace justicia del todo porque en persona se parecen mucho más, LO JURAMOS.

El caso es que el show que se marcó fue de lo mejor que nos ha pasado en L.A. y arrancó tantas o más carcajadas que la propia grabación de la serie. Y claro, así es casi imposible que algo salga mal: todo el mundo está a tope y completamente a favor de obra.

También antes de grabar, el director del capítulo se presentó al público y explicó cómo se organizaban para grabar con un bebé: en realidad tienen dos porque se trata de gemelas a lo Padres forzosos, así que si una se cansa pueden poner a la otra… o incluso a un muñeco si la situación lo requiere. Sobre el tema del muñeco, insistieron bastante en que actuásemos como si fuera humano si tenían que usarlo. Que dices, “¿hace falta?”. Pues hombre, si insisten es porque habrá ocurrido alguna vez que al sacar el muñeco algún LISTO del público se habrá llevado las manos a la cabeza gritando “¿¡QUÉ HACÉIS, LOCOS!? ¡NO GRABÉIS TODAVÍA, QUE ESO ES UN MUÑECO!”. Ojalá hubiéramos visto algo así.

Pero volviendo al tema del bebé -humano-, también dejaron claro que las partes más complicadas las graban sin público para no estresarlo y que su madre siempre está presente en las grabaciones. ¿Ya estáis tranquilos? Pues vamos a grabar.

La grabación

Fueron unas cuatro horas y media -con descanso para pizza incluido- y nos sorprendió lo poco que se repetía cada toma. Entre tres y cuatro veces como máximo, y muchas veces sólo para probar un chiste nuevo que los guionistas o el showrunner improvisaban en función de cómo reaccionaba el público o de cómo había improvisado un actor. Y decimos los guionistas porque estaban TODOS presentes, trabajando, reescribiendo el capítulo sobre la marcha y controlando que todo saliera como debía salir: allí son los jefes.

El champán y la sorpresa

En Baby Daddy graban un día por semana, normalmente los viernes. Como la escritura de los capítulos les exige jornadas ATROCES -suelen quedarse hasta la una o las dos de la madrugada reescribiendo e incluso a veces llegan a dormir en la oficina*-, los guionistas y el resto del equipo procuran celebrar el fin de rodaje de cada episodio por todo lo alto: fiestón y champán.

Y ahí fue cuando los planetas se alienaron. Nos íbamos al coche y justo en la puerta del plató un señor de seguridad se fijó en nuestras pulseras -¿recordáis los pases VIP?- y nos explicó que nos permitían acceder al set para saludar a los actores. Y allí que fuimos… decididos a saludar a los guionistas. Quizá fue la sorpresa que se llevaron al ver que alguien les hacía caso o quizá fue la bebida, pero el caso es que a los diez minutos estábamos con ellos en oficina brindando con champán, hablando sobre guión y explicándoles nuestro proyecto. Y no sólo se mostraron abiertos a que les entrevistásemos sino que nos presentaron al showrunner, nos invitaron a ver cómo trabajaban en la writers’ room y a ver una lectura de guión con los actores durante la siguiente semana. BOOOM. El 4×1: grabación, entrevista, writers’ room y lectura. ¿Se puede pedir más? Sí. DINERO.

En fin, de esto último hablaremos en futuros posts (lo de la entrevista, la writers’ y la lectura, no lo del dinero. Eso sería de locos) porque tampoco es plan de aburrir, y menos con el buen tiempo que hace. Más, en breve.

Gracias.

*Sobre las PANZADAS de trabajo también hablaremos más adelante. Gracias otra vez.

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