Encuentro con… Lawrence Levy

Lawrence Levy lleva TREINTA años escribiendo comedia para televisión y ha firmado capítulos de series como Salvados por la campana, Roseanne, Vacaciones en el mar o aquella del bebé dinosaurio, entre otras muchas. ¿Qué otras muchas? Seinfeld, por ejemplo. BOOOM. ¿Os acordáis del capítulo del mango? Es suyo, le nominaron a un Emmy por él y ganó el premio de la WGA al mejor episodio de comedia. DOBLE BOOOM.

Quedamos los tres en el Susina Bakery & Cafe y hablamos largo y tendido sobre comedia y qué hace que una sitcom sea buena o mala, sobre su carrera y su experiencia en Seinfeld, sobre el acceso al mercado laboral y el papel de los agentes, y sobre el trabajo de guionista freelance. Como reproducir toda la conversación en este post sería largo, tedioso y nos dejaría sin material para el libro, vamos a resumir el tema en unos cuantos highlights organizados por temas.

¿Ha muerto la Comedia?

Para algunos guionistas con los que hemos hablado, sí. Y no guionistas locos o idiotas sino gente con experiencia y criterio que argumentaban cosas como que Frasier o Seinfeld fueron las últimas sitcoms de verdad. Así que decidimos plantearle la misma pregunta al señor Levy. ¿Adivináis su respuesta? NO. No que no la adivinéis, sino que según él, la comedia no ha muerto en absoluto. Lo argumentó con un ejemplo que nos sorprendió bastante quizá porque nos pilla algo lejos: “La comedia ya se declaró muerta en los años OCHENTA. Y entonces llegó Bill Cosby. Con él volvió a matarse la comedia… y entonces llegó Seinfeld. La televisión es cíclica”. Y creemos que tiene razón. Quizás ya no haya Seinfeld o Frasier pero tenemos Modern Family o Louie, así que parece que hay comedia para rato. Gracias a Dios.

Vale, vive. ¿Pero qué la hace BUENA?

Aquí la respuesta fue tajante: los PERSONAJES. Tener unos buenos personajes para que las tramas partan de ellos, no al revés. Nos puso como ejemplo una de las grandes y de la que parten muchas de hoy en día: La extraña pareja. Sin ella seguramente no tendríamos Two Broke Girls, Curb Your Enthusiasm, Arrested Developement, Community y un etcétera tan largo como el guión de una sitcom española. Escribir comedia es escribir personajes; las tramas y las situaciones vendrán luego. Palabra de Lawrence Levy. Así que A CALLAR.

El guionista freelance

En el post sobre el WGA contamos cómo en las series se reserva un cupo de guiones freelance para dar oportunidades a guionistas noveles, aunque esto no fue siempre así. Levy, de hecho, es la prueba viviente: treinta años escribiendo por libre. Según nos contó, antes había muchos más capítulos que se asignaban a guionistas externos pero la cosa ha ido menguando por varios motivos: por un lado, muchos guionistas piden pactar el número de episodios que firmarán en una temporada, por lo que, si lo hacen muchos, el cupo de freelance se reduce hasta el mínimo que establece el sindicato.

Por otro, existe una creciente sensación -según Levy- de que los guionistas no conocerán tan bien la serie como los que están en plantilla. Y, de hecho, muchos guionistas con los que hemos hablado han defendido esto mismo. ¿Quizás porque estaban en plantilla? CLARO. Por otro lado, existe una tendencia general a dar los freelance al writers’ assistant y al script coordinator más que a guionistas externos. También influye el hecho de que en temporadas cortas el WGA no obliga a tener freelance, y por lo general ahora las cadenas son bastante conservadoras y encargan menos capítulos por temporada.

Así que la realidad no parece jugar a favor del freelance por enriquecedor que pueda resultar introducir voces nuevas en la serie. Según sus propias palabras: “una pena”.

Acceso al mercado

Otro asunto que ha cambiado con el paso del tiempo. Antes, lo habitual era escribir un capítulo de la serie en la que se quería trabajar y si gustaba, te encargaban otro como freelance. Luego la cosa cambió y se empezó a pedir capítulos de otra serie distinta: si querías trabajar en Friends, por ejemplo, podías escribir un capítulo de Cheers. Parte del motivo fue legal: cubrirse las espaldas en caso de que en el capítulo del aspirante hubiera cosas parecidas al de otros que estuvieran en producción. Hoy, el sistema es algo distinto. Según nos contó Levy, lo que buscan sobre todo los showrunners son voces únicas, con personalidad, y para encontrarlas suelen pedir material inédito que demuestre esas capacidades: películas y pilotos de series propias.

Seinfeld

Durante su etapa en Seinfeld el equipo de guionistas contaba con ocho personas. El sistema era bastante sencillo y sui generis: todos pitcheaban propuestas a Larry David y Jerry Seinfeld; propuestas que pudieran resumirse en una o dos líneas como en el caso del mango: “Elaine nunca tuvo un orgasmo estando con Jerry”. Clarrérrimo. El propio David lo cuenta aquí. Aceptada la idea, los guionistas la desarrollaban -el breaking the story del que ya hemos hablado– y luego el guionista se iba a casa a escribir. En este caso, fueron cinco días. A la vuelta, todos reescribían el guión y Larry David daba un último repaso. Aquí Lawrence Levy fue muy claro: aunque fueran ocho personas, la serie era de Larry David.

El guionista y su CV

Como veterano, se mostraba escéptico con algunas de las convenciones de la industria, como la valoración de los créditos. Quizá lo que más nos caló fue su discurso sobre la -supuesta- relación entre la calidad de un guionista y la de la serie o programa donde trabaja. Nos habló de lo peligrosos que son los prejuicios en ese sentido, de cómo muchas veces una carrera entera puede estigmatizarse por un crédito o por el primer trabajo que se tiene como guionista. Y nos puso dos casos, uno real y otro de cotilleo:

  1. El real. Levy nos contó como hubo una época en que estos prejuicios llegaron a extremos tan absurdos como distinguir a los guionistas en dos categorías: “los de las 20:30” y “los de las 21:30”. Estos últimos eran los sofisticados mientras que los otros eran los de la sal gorda. Una diferencia enorme a muy pocos minutos de distancia y que marcó varias carreras porque ¿cómo vamos a contratar a un guionista de las 20:30 para un show de las 21:30? ¿Qué locura, no?
  2. El cotilleo. Hubo una serie llamada The Jeffersons cuya fama de bien escrita brillaba por su ausencia. Cuando acabó esa serie, uno de los guionistas quiso entrar en Cheers… y le pidieron una prueba. Porque el estigma de esa serie empañaba su carrera -no era un novato: tenía categoría de guionista productor- y los más de 50 capítulos que había firmado. Tuvo que justificarse porque “¿Cómo vas estar en Cheers tú que vienes de The Jeffersons?”. Pero entró. Y no sólo eso sino que ascendió y acabó creando series como Wings o Frasier. Un ZAS, EN TODA LA BOCA. Pero esto es un cotilleo, ojo. Y Levy insistió en que lo dejáramos bien claro.

Al final, según él, el trabajo de guionista consiste en escribir lo mejor posible para el show donde se está. Sea cual sea. Porque, también según Levy -y casi todos los guionistas con los que hemos hablado-, gran parte del trabajo consiste en hacer feliz a tu showrunner, que al final es el último responsable de la serie.

Debates aparte -porque el tema es bastante jugoso-, TODO lo anterior no hubiera sido posible sin la ayuda de Pablo Castrillo, así que un GRACIAS en mayúscula, negrita y subrayado, desde ya.

Más, en breve.

Anuncios