Encuentro con… Kirill Baru y Eric Zimmerman. The nerdiest conversation

“Hacemos lo que más nos gusta y nos pagan por ello. No tenemos derecho a quejarnos”. Así nos respondieron Kirill Baru y Eric Zimmerman, cuando les preguntamos si les gustaba su trabajo de guionistas en Baby Daddy.

Con ellos tuvimos el enorme placer de vernos no una sino cuatro veces (a cual mejor), y su ayuda fue fundamental para alcanzar nuestro objetivo. Son estos (el Papá Noel no es guionista, que sepamos):

kirill and eric

Eric y Kirill son los guionistas que nos presentaron en el set de Baby Daddy cuando fuimos a la grabación de un episodio. Cómo fue esa experiencia (“el champán y la sorpresa”) ya lo contamos aquí, así que vamos a centrarnos en dos temas que resumen bastante bien el posterior encuentro:

THE NERDIEST CONVERSATION

Que tras la grabación de un episodio alguien del público pida conocer a los guionistas y que ese alguien resulten ser otros dos guionistas que han recorrido 8 mil kilómetros sólo para eso… es raro. Pero que ese encuentro a los pocos minutos genere una conversacion NO sobre guión o sobre series sino sobre cómo es la pizarra que utilizas para trabajar ya es el colmo de lo nerd. The nerdiest conversation, tal como ellos lo bautizaron.

En serio, nunca habíamos visto a nadie mostrar un entusiasmo igual a la hora de explicar FARDAR de las ventajas de contar con pizarras magnéticas en tu writers’ room. Pizarras magnéticas. NO esos post-its cuya banda de pegamento se acaba volviendo más negra que Amunike* y luego no hay quien los utilice. NO esos rotuladores “borrables” que paradójicamente a las dos semanas grabando a fuego lo que se anota en la pizarra haciéndolo imposible de borrar. NO esos documentos de Word con nombres tipo EscaletaV1_12sep13_VersiónJuan2.3 que acaban requiriendo al egiptólogo superdotado de Crónicas para descifrar a qué hacen referencia. No. Eric y Kirill (y el resto de guionistas) se jactaban de contar con enormes pizarras magnéticas en las que podían pegar, despegar y mover a su antojo otros trozos de pizarra magnética más pequeños (estilo imán de nevera barato) en los que anotaban (y/o borraban) las distintas escenas del guión o escaleta.

La respuesta definitiva al clásico “Eh, ¿tú eres guionista, no? Seguro que te pasas el día hablando de chorradas y diciendo paridas con otros guionistas”. Pues mira, NO. Nos gusta hablar de PIZARRAS. Y la verdad es que nosotros nos emocionamos tanto con el tema como ellos.

Afortunadamente, al poco rato estábamos en la writers’ room tomando champán con el resto del equipo. El ambiente era tan bueno que les pedimos quedar otro día con calma para hablar de guión (de pizarras ya sabíamos todo lo que queríamos saber), y organizamos una comida para la semana siguiente.

LA COMIDA

Quedamos con Kirill y Eric de nuevo en su oficina en CBS Studio City y de ahí fuimos a un restaurante cercano estilo tex-mex de esos con cartas interminables, ensaladas imposibles, todo tipo de sandwiches, tacos (de comer), y un largo etcétera. Hecha la comanda, decidimos ir al lío y empezamos la entrevista. Primer tema, las PIZARRAS. Que nooo, que es broma. ¿Os imagináis otra vez lo mismo? Los locos de las pizarras. No, no, tranquilos: que no cunda el pánico. Con ellos hablamos de otras muchas cosas:

  • Sus comienzos. Ambos se conocieron en el instituto y se mudaron a L.A. para estudiar guión y convertirse en guionistas. Como eran fans de It’s Always Sunny in Philadelphia, escribieron un spec y se las apañaron para dárselo en mano al creador de la serie durante una charla que organizó la USC. El guión gustó y al cabo de una semana les pidieron otro más… que no tenían, así que llamaron a sus respectivos trabajos fingiendo estar enfermos. Usaron ese “día libre” para escribir un spec de The Office, lo enviaron, gustó, y ambos fueron contratados como asistentes de los productores ejecutivos. No era un trabajo de guionista como tal pero les permitía pegarse a los creadores de la serie, ver todo el proceso de producción, estar en la writers’ room, etc. etc. Durante esa temporada ambos aprovecharon para escribir varios pilotos de series que querían vender. Con ellos consiguieron un agente, y con él su primer trabajo como, ahora sí, staff writers en una serie de Comedy Central llamada Secret Girlfriend. Inspirador, ¿no?
  • Los mentores. Algo que preguntamos a todos los guionistas con los que estuvimos fue la importancia del mentor en la carrera de un guionista. Alguien con experiencia, criterio, ganas de enseñar y cosas que enseñar dispuesto a ayudar a la gente que empieza. Ambos tenían claro que en su caso esta figura fue fundamental, como se deduce del punto anterior.
  • La figura del partner. En algunos posts ya hemos comentado que los guionistas de EE.UU. también lloran. Uno de los problemas a los que se enfrentan, sobre todo los que empiezan y cada vez más debido a la crisis económica y la reducción de presupuestos, es a ser contratados como partners. ¿Y eso qué es? Pues como la propia palabra indica, socios. En algunas ocasiones se contrata a dos guionistas bajo esta figura de modo que, a efectos de contrato (y derechos) sólo cuentan como uno. Es el caso de Kirill y Eric, que en Baby Daddy escriben juntos, firman juntos… y cobran juntos, es decir, se dividen el sueldo.
  • Los mánagers y los agentes. Tanto uno como otro nos hablaron sobre cómo el 20% de su sueldo se iba a estas dos figuras. Un 10% para el agente (quien te pone en contacto con productoras y estudios y negocia tu contrato) y otro 10 para el mánager (quien orienta tu carrera de forma más global y a largo plazo, aconsejándote y guiándote). Como también hemos comentado algunas veces y como ellos nos confirmaron, no es necesario tener agente y mánager para trabajar de guionista en EE.UU. pero ayuda bastante. Y claro, se paga.
  • El despido. Otra de las grandes quejas. Kirill y Eric eran conscientes de la facilidad con que se puede (y suele) despedir a un guionista y se mostraron bastante preocupados por el tema. De hecho, incluso en la propia writers’ room se bromeaba -según ellos- de forma constante sobre esto y especialmente cuando llegamos nosotros. Ambos nos contaron que el showrunner les hizo un comentario antes de nuestra comida más o menos así: “Tened cuidado no vaya a ser que luego vengan, sean más divertidos que vosotros y os tenga que despedir”. Ya, ya, no suena muy educado pero…
  • Su showrunner. Correcto, educado, profesional… sólo tenían buenos adjetivos para él, y se tomaban los chistes y comentarios como el anterior a modo de broma sin ánimo de ofender de verdad. Lo mejor es que se les veía sinceros, y cuando tuvimos la oportunidad de conocer a ese showrunner en persona confirmamos las sospechas: un tipo majísimo, inteligente, educado y encima elegante. El jefe que todo el mundo querría tener.
  • El trabajo. “¿Os gusta vuestro trabajo?”. La pregunta parece obvia y hasta puede sonar algo impertintente, pero nos pareció importante sacarla a la luz por un tema comparativo. En general, y aquí queremos ser muy cautos y dejar bien claro que lo que viene a continuación es inventado y vale sólo como ejemplo, a veces uno piensa en España y nota un cierto pesimismo entre la profesión. Es que yo no soy público de mi serie. Sí, trabajo allí pero sólo mientras busco algo mejor. Ya, ya, si pudiera no escribiría en mi programa, etc. Todos lo hemos hecho, no pasa nada, ya lo cambiaremos. Pero quisimos ver si esto ocurría allí y, para nuestra sorpresa, la respuesta fue un tajante NO. Aunque eran conscientes de que Papá Canguro “es lo que es” -blanco, familiar, Disney, algo trillado- y tenían claro que preferirían escribir en Louie, tanto uno como otro se mostraban encantados de ser guionistas y de trabajar en esa serie. “Hacemos lo que más nos gusta y nos pagan por ello. No tenemos derecho a quejarnos”. Y eso que nos contaron que hay semanas muy duras, en las que se reescribe el guión una y otra vez y llegan a dormir en el estudio.
  • La figura del guionista. Hablamos del poder que tiene un guionista en una producción y de las diferencias entre los escritores americanos y españoles en ese sentido. Ya sabéis, la figura del showrunner, la capadidad de decidir sobre temas de casting -por ejemplo-, la fuerza del equipo de guión con respecto a los demás, etc. etc. El resumen fue el que ya os podéis imaginar: les costaba entender cómo podía ser que no estuviéramos “al mando” y, una vez más, compararon nuestra industria televisiva con su industria cinematográfica.

Y hasta aquí, a grandes rasgos, el encuentro. En breve publicaremos la crónica de la siguiente vez que nos vimos: una mañana en la writers’ room de Baby Daddy.

Prometemos colgarlo en breve.

*Amunike, ¿eh? Buen referente. Bravo.

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